La Última llamada.
¿Cuantas veces he caminado por el mismo lugar?, ¿cuantas veces veo está, mal humorada actitud del ser humano?, ¿Cuántas veces he criticado y me han criticado de manera injusta?
Esto pensaba mientras pasaba por esa calle que me gusta tanto, con árboles rodeándome por todas partes, esta escena de la naturaleza que tanto amo, después de un día de mucho trabajo en la universidad; pase por una cafetería y decidí entrar a tomar un café, pero ¿por qué justamente en ese momento de mi vida tuve que conocer a aquella joven tan hermosa?; estaba entretenida revisando la tesis que estaba preparando para mi doctorado. Nunca me había detenido a pensar en cosas del amor, puesto que no había tenido buena comunicación con mi pareja anterior.
“Señorita, aquí tiene su café Americano”; si, gracias joven, tome un sorbo de mi taza de café, después de veinte minutos se había enfriado y me disponía pedirle al mesero que me trajera otra taza de café, cuando me percaté de que alguien me observaba, y ella se dio cuenta de que la había descubierto mirándome, así que se dirigió hacia mí y me pregunto si podía sentarse conmigo a platicar; la mire de una forma extraña ya que me parecía recordar haberla visto en algún lugar, así que accedí a su petición.
Me dijo que había sido mi alumna de licenciatura y que me agradecía mucho el buen trabajo que había realizado como su profesora en aquel tiempo; en ese momento no solo notaba la sinceridad de sus palabras sino al mirar aquella boca de carmín, aquellos ojos cristalinos como el agua, su piel blanca como la nieve, al escuchar su acento extranjero, sentí simpatía por aquella muchachita.
Desde ese día nos reuníamos frecuentemente para platicar sobre aquello que tanto nos apasionaba, la forma de la comunicación humana; también hablábamos muchas horas por teléfono, cuando no nos veíamos, y algunas veces realizábamos viajes para visitar a sus familiares de Alemania; ¡nunca lograre entender cómo es que me sucedió haberme dejado llevar!
Todo marchaba bien, puesto que se convirtió en mi mejor amiga, pero no solo la quería sino que la amaba y yo sabía que ella también me amaba. Mi hijo me decía que estaba muy feliz de ver que su madre sonreía más que en otros tiempos y que mi amiga le simpatizaba mucho, que ella ya era de nuestra familia.
Pasado ya cuatro años, mi hijo había decidido contraer matrimonio; de verdad que eso me hacía muy feliz. La boda fue al año siguiente, en 1980, fue una boda hermosa, con velas, adornos florales muy elegantes y aquella pareja de esposos se veía con una luz radiante.
Yo contemplaba todo esto desde el otro lado del jardín, cuando llego Inés, nos abrazamos muy fuerte puesto que se había ido un año a su país, desde entonces solo habíamos hablado por teléfono, fue un abrazo con tanto furor, pasión, entrega; y entonces al reencontrar nuestras emociones, ella me tomo las manos, nuestras miradas se encontraron y entonces nuestros labios se unieron en una apasionante escena. Nunca me había entregado con tanto amor a alguien, y ella me digo lo mismo; acaricie su piel suave, sus senos formados y ella me acaricio de la misma forma.
Después de esa escena tan confusa en aquel lugar medio escondido, nos apresuramos a integrarnos a la fiesta; recuerdo que esa fue la noche en que sentí que en verdad empezaba a vivir y sentir la vida de otra forma; desde ese día empezó nuestro gran secreto y así de esa forma empezamos a tener nuestros encuentros.
En marzo de 1983, nos encontrábamos en un café festejando su cumple años numero treinta y dos; estábamos rodeadas de muchos amigos, así que no podíamos besarnos enfrente de todos, ya que muchos veían estas relaciones muy mal; tuvimos que tomar precauciones para no despertar desprecio de otras personas hacia nosotras, pero me emocionaba pensar en que después iríamos a mi casa, la cual había decorado con tanto entusiasmo para esa noche especial, había decorado la casa con mantas y flores color azul como sus ojos y porque ese era nuestro color favorito. Todo salió bien esa noche con la luna guardando las locuras de dos mujeres que se habían conocido antaño en 1977, cuando yo tenía su edad.
Al mes siguiente mientras caminaba del estacionamiento hacia la facultad de ciencias políticas y sociales, y me encontré con un colega, él había sido invitado a la fiesta de Inés, por lo que entendí a que se refería con su comentario, me dijo que entendía que Inés y yo escondiéramos nuestra relación, puesto que él tenia también otras preferencias; yo estaba muy nerviosa de que mi verdad saliera a la luz así que le dije que no se confundiera, que Inés y yo solo teníamos una amistad de varios años.
En Junio de ese mismo año Inés tenía que regresar a su país para realizar una especialidad, así que acordamos una nueva cita; había sido hermoso como siempre, pero jamás imagine que esa noche iba a cambiar el transcurso de mi vida, puesto que mi hijo había entrado a la casa a despedirse de mí, porque se iba a trabajar a otro estado, no imagino lo que sintió al ver a su madre amando a otra mujer; sin que Inés y yo nos diéramos cuenta, él se fue sin decirme, ni reclamarme absolutamente nada.
Era ya el mes de agosto y algunas veces hablaba con Inés por teléfono, pero yo, incrédula me preguntaba porque este mes mi hijo no se había comunicado conmigo ni me había visitado, no sabía siquiera en donde estaba; después de dos semanas de angustia por fin sonó el teléfono y era la llamada que tanto me interesaba, mi hijo; lo salude muy contenta de saber que se encontraba bien y en donde estaba; pero de repente mi corazón se estrujo al notar su voz tan fría, tan distante, tan indiferente; me dijo que tenía que hablar conmigo y pregunte que de que se trataba, dijo que era un asunto que debíamos tratar personalmente; nos vemos el domingo, me dijo.
Llego el fin de semana, sonó el timbre, sonó el teléfono y por su puesto ya sabía quiénes eran las dos personas que me solicitaban; decidí abrir la puerta y el teléfono dejo de sonar; trate de saludarlo con un abrazo pero me rechazo, sin entender que era lo que le sucedía le dije que pasara y le ofrecí un café, pero él me dijo que solo venía a aclararme por qué ya no podía verme más, que se sentía avergonzado, que realmente no sabía que pensar de mí; yo empezaba a sentirme desconsolada y desesperada pregunte lo que pasaba, que no entendía de que me hablaba y que era mi hijo y yo lo amaba; entonces entro en cólera me grito, dijo que me odiaba, que le daba asco, que no podía verme siquiera a los ojos; luego empezó a llorar y dijo que lo había visto todo, que yo era una mujer impura, que había visto, como Inés y yo nos entregábamos una a la otra.
Mi cabeza daba vueltas, el corazón se aceleraba, trate de explicarle que jamás quise dañarlo de ninguna manera, que me perdonara; entonces hubo unos minutos de silencio, ring ring…ring; era el teléfono sonando; es ella ¿verdad?, dijo. No sabía qué hacer, pero por la situación no hice el más mínimo esfuerzo por contestar lo que podría ser la última llamada de Inés, me importaba más el perdón de mi hijo, pero él volvió a encolerizar y empezó a aventar los objetos que estaban a su alcance; ring ring ring, y enfurecía cada vez más, contesto y yo grite ¡por favor, no contestes Iván!; me ignoro y rotundamente contesto, le dijo a Inés, el único amor de mi vida, que no me llamara más, que yo ya la había olvidado y que lo de nosotras solo había sido una estupidez; colgó el teléfono, corto el cable, lo arrojó al suelo y por último se fue azotando la puerta y sin decirme nada más.
Fue el peor día de mi vida, llore en el piso junto al teléfono, apretándolo a mi pecho, pensando en que mi hijo jamás me perdonaría y que tal vez Inés nunca me buscaría; pasando una semana, decidí que por lo menos tenía que recuperar a Inés, puesto que ella era la única persona que podía perdonarme; compre otro teléfono, marque a su casa y afortunadamente recibieron mi llamada, pero dijeron que ella había realizado un viaje a México hace una semana, precisamente para verme, puesto que ella pensaba que yo tenía problemas con mi hijo y la necesitaba; en definitiva, tenía un problema y la necesitaba, entonces mi corazón se reconforto.
Habían pasado ya tres días de que sabía del viaje que iba a realizar y ella no había llegado, sonó el teléfono y me avisaron que Inés había sufrido un accidente automovilístico cuando iba al aeropuerto, había nevado y no podía conducir, pero ella insistente en llegar al aeropuerto no espero a que cesara la nevada; Inés no había sobrevivido al accidente.
Mi corazón sintió en ese momento desfallecer, todo por querer venir a mi lado, todo porque me amaba, porque la amaba, todo porque esto no podía ser; ahora me encuentro en el mismo café en el que nos conocimos, recordándola con amor, recordando que nos decíamos cuanto habíamos sido dichosas por habernos conocido, recordando la última llamada.










No hay comentarios:
Publicar un comentario